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Hoy, se estrena Delirium. Una primer película, realizada con bajo costo y grandes pretensiones. Ricardo Darín es la llave maestra para esta película y siendo uno de los protagonistas de Relatos Salvajes estrenada hace 1 mes y medio y con éxito impactante dio el sí para hacer esta película….

Cuenta la leyenda…

…que Carlos Kaimakamian Carrau veraneaba todos los años en las afueras de Carlos Paz y que en 1987-1988, justo enfrente, al otro lado de la calle, alquilaba ni más ni menos que Susana Giménez. A Don Martín, el abuelo, se le hizo costumbre regalarle a Susana, por medio de sus nietos, algunos tarros con los dulces de membrillo y ciruela que él mismo preparaba. Sucedió una tarde que un joven Ricardo Darín de 30 años apareció de visita y fue allí, entre fotos y autógrafo, que Ricardo le preguntó a Carlos lo que cualquiera le preguntaría a un chico de 8 años. “¿Qué es lo que querés ser cuando seas grande?” La respuesta, “director de cine”, fue de una firmeza tal que un no menos que sorprendido Ricardo le retrucó “Uh, entonces cuando seas famoso acordate de mí así me das laburo”. Es de suponer que Carlos le haya respondido un seco “Bueno” y no mucho más.

Las vueltas de la vida hicieron que la carrera de Ricardo creciera sin pausa desde aquel entonces y que Carlos, recién egresado de la Universidad del Cine como Director & Guionista, a comienzos del año 2001, pergeñara el germen de Delirium en medio de una charla casi improvisada. “A ver, supongamos… tres amigos a los que se les ocurre hacer una película independiente, de bajo costo, y volverse millonarios. Sin tener mucha idea, caen en la cuenta que para que la gente vaya al cine a ver su película necesitan un actor famoso… no sé, alguien… Darín, por ejemplo… y la cosa es que consiguen filmar con él…”. Así, en pocas palabras, surgió el argumento de la película.

“El nombre de Ricardo Darín fue el primero que se me vino a la mente, pero podría haber sido él como George Clooney. Supongo que fue el suyo porque aún era reciente el éxito de Nueve Reinas (Fabián Bielinsky)”, cuenta Carlos Kaimakamian Carrau. “Mantuve a Darín como un referente de piel y huesos para la escritura del guión y por ello quedó Ricardo, al menos, hasta que la realidad dictara sentencia y me tuviera que olvidar de él”, agrega el director. “Pero la figura de Darín fue creciendo de un modo imparable y ya no hubo forma de librarse de él, porque la historia de Delirium necesitaba una figura cuya fama no fuera fabricada por ningún artilugio de ficción porque su verosímil forzaba a que esa figura famosa excediera la dimensión de la película (una suerte de John Malkovich en Being John Malkovich). Es decir, el famoso tenía que ser famoso en la vida real”.

Los intentos por llegar a Ricardo fueron varios, diversos e infructuosos hasta que una copia impresa del guión le fue entregada en mano, al propio Ricardo, en la puerta del teatro donde se exhibía Art, en… ¡Barcelona! Y la conexión con el proyecto y con su director, evidentemente, fue instantánea ya que desde entonces, principios de 2004, el vínculo entre actor y director devino en amistad, piedra fundamental de esta historia y Delirium comenzó a dar sus primeros pasos para transformarse de proyecto a realidad.

Parece ser que ese nene de 8 años que sabía iba a ser director se acordó de Ricardo, sólo que Ricardo le ganó de mano con eso de ser famoso.

 


 

La trama

Cansado y agobiado por la rutina de su trabajo en un kiosco, Federico busca despertar en sus amigos, Mariano y Martín, la llama interna necesaria para llevar a cabo un cambio en sus vidas. Federico cree descubrir que una de las mejores vías para lograr dinero rápido es la producción de una película. Y aunque no tiene la menor idea de lo que está hablando, las estadísticas que encuentra en internet de varias productoras internacionales lo terminan de convencer. Federico propone hacer una película de muy bajo presupuesto y esperar a que el público acuda en masa al cine. Su lógica es simple y contundente. Sólo necesitan a una estrella que les asegure una recaudación récord. Ricardo Darín es sin duda su hombre. Producto de un malentendido, Ricardo Darín los confunde con el hijo de un conocido suyo y, confiado en que realizarán un cortometraje para una escuela de cine, se embarcará en un rodaje que excederá su capacidad de asombro, generará situaciones desopilantes y que tras un hecho trascendente, cambiará el destino del país.

 

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