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El ojo de la historia.

Un siglo y medio de fotografía periodística argentina[1]

por Andrea Cuarterolo

 

Primera entrega

 

El fotógrafo estadounidense Mathew Brady, autor de algunas de las más célebres imágenes de la Guerra Civil norteamericana y considerado por muchos historiadores como el padre del fotoperiodismo, dijo alguna vez que “la cámara era el ojo de la historia”[2].
En efecto, fueron la perfección representativa de esta nueva tecnología y su relación contingente con la realidad circundante las que ligaron tempranamente a este invento al género documental.

El daguerrotipo, el primer proceso fotográfico que llegó a nuestro país, tenía una serie de desventajas que lo hacían muy poco apto para el registro periodístico: se trataba de una pieza única, requería de largos tiempos de exposición que impedían captar el movimiento y era, al menos en nuestro país, extremadamente costoso. A pesar de estas limitaciones, los fotógrafos vislumbraron desde un principio el potencial que esta tecnología tendría en el campo de la prensa gráfica. En 1846 el pionero de la fotografía William Henry Fox Talbot, declaraba en la prensa británica: “los autores y editores encontrarán que el proceso fotográfico es en muchos casos preferible como forma de ilustración al grabado, sobre todo cuando se busca una representación fiel de la naturaleza”[3].

Apenas unos años después de estas declaraciones, dos daguerrotipos realizados en Buenos Aires fundaron la historia de la fotografía periodística en nuestro país.
El primero, tomado por el fotógrafo de origen norteamericano Charles DeForest Fredricks en Septiembre de 1852, mostraba a los batallones correntinos, que encabezaron la revolución que culminó con la secesión de Buenos Aires de la Confederación Argentina, formados en la Plaza de la Victoria. Lamentablemente hoy los batallones son apenas perceptibles en la imagen, debido al daño que la placa sufrió durante un intento de limpiarla con un paño.
El segundo, tomado el 23 de abril de 1854 desde los altos de la Recova, muestra, por su parte, un nutrido público reunido en la Plaza de la Victoria en torno a la Pirámide de Mayo y frente a la Catedral el día de la jura de la Constitución del escindido estado de Buenos Aires. Se desconoce al autor de la placa, como así también si fue por encargo oficial o por propia iniciativa que el fotógrafo decidió, aquella mañana, plantar su cámara en la azotea de la Recova para registrar ese momento histórico.

 

La fotografía periodística al alcance de las masas

La primera revolución tecnológica en el género se produjo con la invención de las placas al colodión húmedo. Este proceso, descubierto por Fredrick Scott Archer en 1851, fue fundamental para el desarrollo de la prensa gráfica, pues permitió acortar los tiempos de exposición de la cámara, facilitando el registro de imágenes documentales. Sin embargo, el nuevo invento tenía también sus dificultades. Los fotógrafos empleaban placas de vidrio que debían ser preparadas en el lugar de la toma y utilizadas inmediatamente después pues, al secarse, el colodión perdía su sensibilidad. Los profesionales se veían forzados, entonces, a viajar con carros o carpas que les servían a la vez de vivienda y laboratorio.

 

En 1861, el fotógrafo sanjuanino Desiderio Aguiar, realizó uno de los primeros reportajes gráficos con el proceso del colodión húmedo. En la noche del 20 de marzo de ese año, un violento terremoto conmocionó a la provincia de Mendoza, dejando un saldo de 12.000 víctimas y a su capital en ruinas. Aguiar decidió viajar inmediatamente al lugar de los hechos con un frágil laboratorio portátil y realizó allí desgarradoras tomas de la tragedia. Más tarde, el fotógrafo llevó las vistas a Buenos Aires y las proyectó en el Café Republicano de la calle Victoria ante la conmovida audiencia de la época. Acompañó la exhibición con sus propios relatos de la noticia y explicó con exagerada emoción cómo tomó las vistas “entre los continuos sacudimientos de la tierra y el terrible hedor de los cadáveres”[4].

 

Otra importante ventaja que proporcionaba la técnica del colodión húmedo con respecto a su antecesor, el daguerrotipo, era la posibilidad de realizar múltiples copias. Esta nueva técnica y su formato más popular y económico, la carte de visite, inauguraron la era de la imagen multiplicable. Por esta época, la fotografía no podía imprimirse en los diarios y revistas más que en forma de litografías y grabados, pero estos sistemas, por más fieles que fueran, rompían indefectiblemente con el carácter de “realidad reflejada” propio de la imagen fotográfica. Es así que los profesionales de la cámara comprendieron tempranamente los beneficios económicos que podría proporcionarles la comercialización de imágenes documentales en serie.
La exitosa venta de fotografías de personajes públicos, hechos de actualidad, vistas y costumbres de países lejanos, entre otros temas de carácter periodístico, puso en evidencia el creciente interés de los sectores urbanos por acercarse, a través de imágenes fieles, a una realidad de la que, de otra manera, nunca hubieron sido testigos.
La mayoría de los fotógrafos locales encararon este tipo de trabajos a su propio riesgo, esperando recuperar su inversión antes de que se extinguiera el interés por la noticia. Por ejemplo, cuando el 11 de abril de 1870 murió asesinado en su estancia el General Urquiza, la justicia local convocó a dos jóvenes fotógrafos de la zona, Manuel y Guillermo Aráoz Ormaechea, para que realizaran una imagen forense del cadáver. En la fotografía, el General Urquiza aparecía con su torso desnudo y en él podían verse las cinco cuchilladas que le provocaron la muerte. A pesar de no haber sido concebida como una imagen de prensa, la foto tuvo una curiosa circulación periodística, pues los hermanos Ormaechea vieron inmediatamente las atractivas posibilidades comerciales que tenía su placa y realizaron más de 500 copias, tanto de esta imagen como de un retrato del asesino, Ricardo López Jordán, que luego vendieron con éxito en Buenos Aires.

Con el estallido de la Guerra del Paraguay, el prometedor negocio de la venta de imágenes en serie impulsó también al fotógrafo de origen irlandés Thomas Bate, instalado en el Río de la Plata desde 1858, a enviar fotógrafos de su estudio a la zona del conflicto. Bate, que había vivido durante algún tiempo en los Estados Unidos, fue testigo del espectacular negocio que la Guerra Civil significó para los fotógrafos de ese país. En mayo de 1866, a un año de comenzada la guerra, la firma Bate escribió a las autoridades uruguayas informando de su decisión de seguir a las tropas y solicitando una garantía de propiedad de las imágenes que allí se tomarían. En agosto de ese año, los corresponsales de la compañía Bate enviaron las primeras imágenes del conflicto, que fueron ampliamente publicitadas en los diarios locales y muy probablemente exhibidas en el estudio de Bate en Montevideo para curiosidad de los paseantes. Se desconoce cuál fue la ganancia que dejó al estudio la venta de estas fotografías, pero el hecho de que los corresponsales de la compañía realizaran un segundo viaje al teatro de operaciones, tan solo unos meses después, nos permite suponer que la cobertura emprendida por la casa fotográfica resultó ser un excelente negocio.

Batallones correntinos frente al Cabildo, después del movimiento del 11 de septiembre de 1852 Daguerrotipo de Charles DeForest Fredricks 1852 Museo Histórico Nacional

Daguerrotipo de la jura de la constitución del estado de Buenos Aires en la Plaza de la Victoria Daguerrotipo de autor no identificado 23 de abril de 1854 Museo Histórico Nacional

Laboratorio ambulante del fotógrafo Christiano Junior (detalle) Negativo al colodión 1877 Archivo General de la Nación

Cadáver de Justo José de Urquiza Carte de visite de Augusto Manuel y Guillermo Aráoz Ormaechea Entre Ríos, abril de 1870 Archivo General de la Nación

El batallón 24 de abril en las trincheras de Tuyutí Fotografía de Bate y Cía W. Albúmina, 1866 Biblioteca Nacional del Uruguay

 

 

 

 

 

Bibliografía

Alexander, Abel. “Historia de la fotografía en Mendoza”. En: Memoria del 1° Congreso de Historia de la Fotografía, Buenos Aires, CEP, 1992.

Carlebach, Michael. The origins of Photojournalism in America, Washington, Smithsonian Institution Press, 1992.

Cuarterolo, Andrea. “La muerte ilustre. Fotografía mortuoria de personajes públicos. En: Rodríguez, David y Limbergh Herrera (comp.), Imagen de la muerte, Lima, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 2007, pp 83-105.

Cuarterolo, Miguel Ángel. “Las primeras fotografías del país”. En: Los años del daguerrotipo. Primeras fotografías argentinas. Buenos Aires, Fundación Antorchas, 1995, pp. 15-22.

Cuarterolo, Miguel Ángel. Soldados de la memoria, Buenos Aires, Editorial Planeta, 2000.

Del Pino Menck. Alberto, “Javier López, fotógrafo de Bate & Cía. en la Guerra del Paraguay”. En: Boletín Histórico del Ejército, N° 297, 1997, p. 66.

Gómez, Juan. La fotografía en la Argentina. Su historia y evolución en el siglo XIX (1840-1899), Buenos Aires, edición del autor, 1986.

Sontag, Susan. Ante el dolor de los demás, Buenos Aires, Alfaguara Argentina, 2003.

 

 

 

[1] Este artículo fue originalmente publicado en Imágenes de 138 años. La historia gráfica de la Argentina a través de la lente de los fotógrafos de La Nación (Anuario Aniversario del Diario La Nación), Buenos Aires, Diario La Nación, 2008, pp. 6-18.

[2] Citado en Sontag, Susan, Ante el dolor de los demás, Buenos Aires, Alfaguara Argentina, 2003

[3]Citado en Carlebach, Michael, The origins of Photojournalism in America, Washington, Smithsonian Institution Press, 1992

[4] Citado en Alexander, Abel, “Historia de la fotografía en Mendoza” en Memoria del 1° Congreso de Historia de la Fotografía, Buenos Aires, CEP, 1992.

 

 

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