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58-100. Relatos salvajes (2014) de Damián Szifron. Recuerdo que cuando salí del cine después de verla lo primero que dije fue “me encantó, pero tengo una sola crítica: no es una película”. Me explico: el film que marca el regreso al cine del director de Tiempo de valientes (2005), En el fondo del mar (2003) y las series de TV Los Simuladores y Hermanos y detectives, se compone de seis narraciones cuya única conexión entre sí es que se tratan todas de historias sobre personas comunes que pierden el control y generan situaciones delirantes y violentas que intentan manejar, casi siempre sin éxito. Sin spoilear: pasajeros que descubren porqué están todos en el mismo vuelo, una moza de un bar de mala muerte que recibe a un cliente que es parte de su pasado, un joven de la ciudad que tiene un violento altercado en una solitaria ruta del norte, un ingeniero que lucha contra la burocracia y quiere vengarse del sistema, un exitoso empresario que busca cómo salvar a su hijo de la cárcel y a su familia de desmoronarse, y una boda que solo avanza hacia la catástrofe. En todos hay buenas ideas, drama, suspenso, humor negro y, principalmente, violencia en las interacciones entre las personas, que opera tanto como representación crítica (despiadada) a las relaciones humanas, como un contundente elogio y exaltación a la ira. Ira que también se pone de manifiesto ante las relaciones de poder entre los personajes cuando se evidencia una desigualdad. En todos los episodios es muy claro el momento en el que cada personaje se da cuenta de su posición de inferioridad e impotencia ante el otro, ya sea un desconocido, un amigo, un personaje del pasado o el sistema, y eso detona la escalada de revancha y de hechos salvajes sin retorno. Szifron hace gala de su virtuosismo y se luce en cada segmento tanto como Grandinetti, Rita Cortese, Sbaraglia, Darín, Oscar Martínez o Érica Rivas. Todos los relatos son perfectos. Intensos, genialmente actuados, bien contados, milimétricamente dirigidos. La fotografía y la música son parejas: excelentes a lo largo de las seis mini películas, cada una con un estilo diferente, pero iguales de atrapantes, con diálogos inteligentes y picantes y, como dije antes, con mucho humor negro y momentos tan tensos que nos hacen reir (en lugar de llorar) por lo terrible de las situaciones y las acciones de los personajes.

Si quieren enterarse un poco más acerca de cada una de las historias (sin spoilers, obviamente) y ver fotos, pueden hacer clic aquí. De todas maneras les recomiendo ir comprando las entradas y ver en el cine la película argentina del año.

La escena: me costó elegir una sola así que voy con dos: 1. El ingeniero decide pagar la multa, aparentemente muy tranquilo con una particular música de fondo y 2. La novia vuelve a la pista de baile e intenta seguir con el casamiento.

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57-100. Los amantes pasajeros (2013), de Pedro Almodóvar. Sin lugar a dudas, la PEOR película de Almodóvar que haya visto. Resulta incomprensible que después de una obra maestra como La piel que habito, el español se haya tomado dos años para hacer semejante basura. Da vergüenza que esta pseudo obra de teatro picarezca, guaranga y no chistosa filmada en la primera clase de un avión, sea del mismo director de Hable con ella, Todos sobre mi madre e inclusive Mujeres al borde de un ataque de nervios o Átame. Digo obra de teatro porque este desperdicio tiene más de espectáculo barato en un escenario de trasnoche que de cine y tranquilamente se podrían haber hecho unas funciones en un teatro pequeño con esta historia, ver que solo un par de adolescentes y/o matrimonios aburridos se reían, darle de baja y evitar llevar ese horrible guión al cine. Perdón, pero no entiendo qué lo llevó a Almodóvar a filmarla, qué lo motivó a manchar su casi perfecto CV. En fin. Les cuento de qué se trata: un avión tiene un desperfecto y hace tiempo hasta que le den permiso para aterrizar de emergencia. La tripulación, 3 azafatos exageradamente gays y piloto y copiloto bisexuales, duermen a la clase turista con un sedante mientras pasan situaciones grotescas y bizarras con los pasajeros de la primera clase. Si de casualidad esto les parece interesante, les aclaro que intenta ser graciosa y no lo es. Todo está muy exagerado, mal actuado, es inverosímil y aburrido. Lo único bueno que tiene son las pocas escenas de la linda de Blanca Suárez, que encima no está en el avión. Sí. Ni siquiera Cecilia Roth salva esta tragedia no solo aérea sino cinematográfica.

La escena: el clip de I’m so excited que hacen los azafatos.

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56-100. Carancho (2010), de Pablo Trapero. Finalmente pude ver esta película que tenía pendiente desde hacía mucho y me decepcionó un poco. Al ser la película argentina enviada a los Oscar en 2011, protagonizada por Darín (que no elige cualquier cosa) y dirigida por Trapero (Mundo Grúa y El bonaerense son muy buenas pelis), esperaba algo más. No me pareció una película sólida, contundente, sino que noté muchos altibajos, no solo en la historia, sino entre el aspecto técnico y el “creativo”. Me refiero a, primero: no es un film intenso. Tiene toques de policial negro que se pierden en baches narrativos. Empieza masomenos, va a los tumbos y alcanza el climax sobre los últimos 10 minutos (bueno, ok, un poco de sentido tiene que lo más impactante llegue al final, pero esperar hora y media para un momento de tensión importante me parece demasiado). La parte técnica es excelente. Una de las mayores virtudes de Trapero es el uso de la cámara. Hay muchos primeros planos en los momentos justos, la edición/montaje en escenas claves es perfecta y se nota que el director se siente muy cómodo filmando de noche y le sale muy bien. Los efectos especiales y choques están muy bien filmados. Pero por otro lado, todo eso choca (je) con los personajes. No voy a discutir a Darín, que está bien, como siempre, pero no se luce y creo que es por culpa del papel que le tocó interpretar. No está muy bien desarrollado, no nos lleva a sentir empatía, tristeza ni muchos sentimientos hacia él, y la relación que construye con la enfermera interpretada por la esposa de Trapero, Martina Gusmán, no convence del todo y parece forzada. En resumen, es una buena película que ilustra el mundo de los caranchos, esos abogados a la pesca de accidentes para sacarle dinero a las aseguradoras, pero que se queda a mitad de camino en el aspecto humano, especialmente en las relaciones que quiere contar entre sus personajes.

La escena: el martillazo.

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55-100. Enredados (2010), de Nathan Greno y Byron Howard. ¿Debería preocuparme porque otra película de Disney acerca de una princesa me haya gustado tanto y más que muchas de las últimas películas serias y para adultos que haya visto? Enredados es la conocida clásica historia de Rapunzel, la princesa más linda de todas las que haya dibujado la empresa de Walt. La chica tiene el pelo muy largo, vive encerrada en una torre, un día llega un ladronzuelo simpático y arrogante, y ella le pide que la acompañe en una travesía que desea desde hace años porque su madre no la deja. O sea, otra típica historia Disney para pre-adolescentes sin nada nuevo que ofrecer. ¿Por qué me gustó? Porque así todo, no es aburrida aunque sepamos no sólo todo lo que va a pasar e inclusive el final, es entretenida, los personajes son graciosos, principalmente los comic-reliefs, que en este caso son un caballo y un camaleón que por suerte no hablan, y la animación es perfecta. Es una película muy bella no solo visualmente y la historia me pareció cálida.

La escena: las dos de Flynn y Rapunzel en la torre, cuando se ven por primera vez y hacia el final cuando Flynn se está muriendo y le dice que ella es su sueño y ella le contesta que él el de ella. Uno de los momentos más tiernos de la historia Disney, disfrutable, tanto para niños como para adultos.

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54-100. Las aventuras de Peabody y Sherman (2014), de Rob Minkoff. ¡Me encantó! Disfruté como un chico de 9 años esta adaptación del popular (en EE.UU.) dibujito de los 60s que no es muy conocido en Argentina. Para quien no sepa, se trata de un perro inteligente (habla, escribe, inventor, ganador de un premio Nobel, etc) que adopta un niño huérfano y construye una máquina del tiempo para viajar por diferentes períodos y lugares y enseñarle historia en vivo a su hijo. Ellos mismos, los personajes que se encuentran en los viajes y los secundarios de la época actual son muy divertidos y están muy bien caricaturizados. La animación (movimientos, fondos, el diseño, etc) está hecha de manera tal que da placer ver algo así. La trama es bastante simple para que los más chicos puedan entender los viajes en el tiempo pero tiene guiños para cualquiera que haya cursado un par de años de Historia del secundario, visitado algún museo o leído acerca de la Revolución Francesa. De las mejores películas animadas de los últimos años.

La escena: cuando Mr. Peabody recuerda cómo adoptó a Sherman y lo crió, con una linda versión de Beautiful Boy, de John Lennon, de fondo.

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53-100. Capitán América y el soldado del invierno (2014), de Anthony Russo y Joe Russo. No soy fan del “Universo Marvel” así que ver a estos superhéroes no me produce ningún tipo de emoción. Es larga y pocas cosas tienen un sentido aparte de ver peleas interminables, gigantescas naves/aviones y un poco de destrucción urbana hecha con CGI. Lo más profundo que tiene es un intento de mensaje políticamente correcto acerca de la (aparente) libertad que sólo alguien con el cerebro lavado como el Capitán América puede creerse. Bien Robert Redford, pero en un papel que hace en piloto automático. No es de las peores películas de personajes de Marvel (Los 4 Fantásticos, la nueva Spider-Man 2) pero tampoco de las mejores (las de X-Men).

La escena: la persecusión y ataque a Nick Fury

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52-100. La gran aventura Lego (2014), de Phil Lord y Chris Miller. Me gustó. Es entretenida y ágil. El nivel de detalle de la animación, los fondos, los escenarios y la constante acción no te permite pesañear en ningún momento porque si lo hacés, algo te perdés. Los personajes son graciosos y los diálogos tienen un tipo de humor que por momentos es inteligente y por momentos parece absurdo. El guión, la aventura, es una parodia a la “profecía del elegido” de muchas películas: un nadie que de pronto  se convierte en el ser más importante e indispensable para la salvación del mundo. El muñequito de Batman es el mejor, una cargada al Caballero Oscuro de Nolan y todos sus clichés.

La escena: la del comienzo, dura crítica a la sociedad consumista actual en modo canción pop

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51-100. Noé (2014), de Darren Aronofsky. ¿Una película bíblica, protagonizada por el infumable de Russell Crowe y del mismo y ecléctico director de Pi, Réquiem para un sueño, La Fuente y El Cisne Negro? Además me habían dicho que era larga, aburrida y medio cualquiera. Así que la única razón por la que me puse a ver esta película fue que está protagonizada por dos de las tres mujeres más lindas del mundo: Jennifer Connelly y Emma Watson. Y me sorprendió. Esperaba un deliro surreal con interpretaciones libres y locas de la Biblia y sin embargo es una de las películas más normales de Aronofsky. No me deslumbró pero me parece que está bien. Noé, a través de un sueño, interpreta que El Creador (no mencionan las palabras “Dios” ni “Yavhé” en toda la película) va a destruir el Mundo, corrompido por el Hombre, violento y egoísta, y que le ordena construir un arca para salvar a los “inocentes”: los animales, únicos seres que viven igual que lo hacían Adán y Eva en el paraíso antes del Pecado. Noé junta a su familia y con el consejo de su abuelo Matusalén y la ayuda de unos ángeles caídos, castigados a vivir dentro de rocas con forma pseudohumana (¿?) construyen la famosa nave para cumplir el deseo de El Creador de exterminar todo, inclusive al hombre y por ende a su familia, únicos sobrevivientes temporales, ya que Noé no tendría más descendencia y la única mujer (además de su esposa) en el arca, la pareja de uno de sus hijos, es estéril. A ese tema hay que sumarle un par de conflictos más, a mi entender menores y que no sé si están en la Biblia, y el resto creo que todo el mundo sabe cómo termina la historia: la paloma de la paz, baja el agua, el arcoíris del final, etc. Todo esto en un poco más de dos horas que no se hacen pesadas. Hay un poco de acción, algunos efectos especiales que están bien (el agua), y otros no tanto (algunos animales) y Russell Crowe está igual de mal que en todas sus películas.

La escena: una al principio en la que se ven las siluetas de Noé y su esposa al amanecer.

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50-100. G.I. Joe: El Contraataque (2013) de Jon M Chu. Pura piña, patada y bomba. Tiene poco y nada que ver con la primera película (esta se supone que es una secuela/segunda parte de una “franquisia”) y el póster es engañoso: Bruce Willis tiene un papel con 3 escenas y Channing Tatum no pasa los primeros 15 minutos de película. ¿De qué se trata? Los malvados de Cobra secuestran al Presidente de EE.UU. y ponen a un imitador que decide deshacerse de los G.I. Joes y, mediante un simple plan onda Superagente 86, liberar al Cobra Commander que estaba preso en una cárcel de máxima seguridad. Luego, con el líder de Cobra libre, desarmar a las potencias nucleares y con una nueva, y un poco básica, arma, destruir ciudades y dominar el mundo, vaya a saber por qué. Visualmente, me gustó. Las escenas de acción son muchas, constantes y están buenas, como también los efectos especiales, pero la película es lo más hueca que vi en mucho tiempo. Los personajes son la nada (hay un breve intento de darle un pasado a la sexy Jaye -Adrianne Palicki-), The Rock no puede ni quiere ser tomado en serio en ningún momento (ojo, creo que eso está bien) y Johnatan Pryce está desperdiciado. Para verla con muho pochoclo y olvidarse.

La escena: el rescate de Storm Shadow en la montaña.

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