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Dirigido por Camilo Coba Riofrio (Colibria de Nicola Cruz) entre cuevas y cavernas pre incas del Volcán Ilaló (Quito), el Mercado Zumbahua y Quilotoa (Cañón del Río Toachi) habla de un viaje que hizo Mateo entre la naturaleza y sus poderes.

Dice Mateo Kingman sobre la canción Sendero del Monte:

“Sendero del Monte” es un tema que escribí después de un viaje por los senderos de la selva profunda y llena de espíritus. Es una búsqueda de la cura a todos los dolores de la humanidad; un paseo por el bosque, en el cual me vuelvo parte de todos los elementos que allí habitan: plantas, animales, ríos, viento y cascadas. Al final, encuentro una mujer ave que me transporta a un mundo invisible en donde por fin, encuentro la cura: el amor.

Dice Camilo Coba Riofrio sobre el videoclip:

Inspirado en constantes caminatas que realice a través de los lahares andinos del Cotopaxi, surge la historia de un joven morador de la oscuridad (Mateo) que por medio de un niño con máscara de lobo, recibe una invitación mágica de salir a la luz para encontrarse con un sabio que lo guiara por un “Sendero de Monte”.

Esta idea de la cueva nace de mi propia oscuridad. Es una representación del Ukhu pacha: el mundo interior, el mundo de abajo, un espacio que alberga la muerte pero también la regeneración, el nuevo nacimiento. Es allí donde herido me resguardo y a la vez me enfermo.

A Mateo le gusto la idea del camino como metáfora de la sanación, el “SENDERO” como terapia y el “MONTE” como estado de elevación. 

Agregamos también el elemento de la MÁSCARA como objeto mágico que es portador de nuevas visiones, haciendo alusión a la cosmovisión andina y amazónica de las plantas medicinales.

La mujer, el ave, el pájaro, el color, el movimiento, la luz y, finalmente, el amor. El amor como medicina; como método de sanación; como San Pedro y como Ayahuasca. El amor, a fin de cuentas, como raíz, como aire, como viento para el fuego.

Para mi el lahar es a la vez herida y camino, cicatriz del espacio/tiempo plasmada en la corteza terrestre. El lahar es mi propio “sendero de monte”, mi propio camino de sanación y en conexión con este sentimiento decidí —como mestizo huérfano de estética— apropiarme del característico uso del color de los artistas de Tigua, herederos ancestrales del lahar y sus paisajes.

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